Casablanca resistirá siempre en nosotras

El desalojo del CSO Casablanca es otro escalón descendente en la degradación y aniquilación de los derechos sociales que la población sufre. Frente al hundimiento del “estado del bienestar”, el centro prestaba, entre otros, servicios gratuitos de educación (educación infantil integral, enseñanza de español para migrantes y ayuda legal para estos colectivos), arte y cultura  (biblioteca, lectura, teatro, baile, yoga, cultura queer, hip-hop, cine) así como formación profesional (costura, construcción, reparación de bicicletas, serigrafía, revelado fotográfico, informática…), salud (apoyo entre personas seropositivas) o alimentación (grupos de consumo, huerto urbano, comedor social).

 Hablamos, además, de un nuevo intento del poder político pseudo-democrático por ocultar la historia y destruir la memoria y la pluralidad  de la vida política y social en nuestro país. Mediante medidas como ésta se trata de moldear una identidad colectiva hegemónica que legitime el discurso del poder, con el objetivo de imponer la sumisión de la población mediante la intimidación, la violencia y el miedo.

María Rosa Menocal, en su libro La Joya del mundo, advierte que en 1992, exactamente 500 años tras la caída de la Iberia musulmana, el ejército serbio inició el bombardeo de la Biblioteca Nacional de Sarajevo. Un millón de libros, y más de cien mil manuscritos, se destruyeron intencionadamente. Tras ello, este mismo ejército destruyó el Instituto Oriental de la ciudad, donde se encontraba una magnífica colección de manuscritos islámicos y judíos, quemando intencionadamente cinco mil de ellos. La razón era entonces la misma que en 1492: borrar la memoria y la historia de toda una civilización, erradicando aquello que pudiera volver a recordarla alguna vez, y de esta forma poder cuestionar, incluso negar, esta realidad histórica de convivencia entre personas de distintas creencias.

Un juzgado de instrucción y la Audiencia Provincial de Madrid archivaron en firme la causa penal que inició la propiedad del edificio. Esa causa se ha reabierto ilegalmente, y no se ha notificado el desalojo llevado a cabo el 19 de Septiembre de 2012. El edificio, vacío y abandonado, supuestamente pertenecía a Monteverde, una empresa inmobiliaria envuelta en delitos continuados de prevaricación, malversación de caudales públicos, falsedad en documento mercantil y contra la seguridad social (más información). De dicha actuación se deduce bien una clara intromisión de funciones del juzgado de instrucción 38, por intervenir existiendo un proceso penal cerrado y actuar por vía civil sin notificación previa de desahucio, bien una imputación de delito político a quienes participaban de la vida social del centro. El desalojo viola, además, el artículo 48 de la Constitución.

Dentro del centro social se encontraban la biblioteca de Sol (15M) con 10.000 volúmenes y el archivo de la Acampada Sol, con la memoria del movimiento social desde el 15 de Mayo de 2011, cuyo uso era, entre otros, el de la investigación histórica. Pocas veces los pueblos tienen la oportunidad de narrar su propia historia y conformar su propia identidad, decidir cada día sobre ella e ir mutándola. Las identidades suelen venir impuestas desde arriba, y se plantean como esenciales, inmutables, casi naturales. Para ello se emplean manuales de historia y planes de estudio trazados e impuestos desde el poder político y económico, series de televisión presuntamente históricas que tergiversan el pasado, un boom mediático que fabrica recuerdos falsos y memorias colectivas inventadas: implantes identitarios convenientes, estabilizadores de un sistema muchas veces opresivo.

Podrán destruir los registros físicos de la memoria, una vez y otra… pero jamás podrán destruir lo que todas hemos visto y vivido en Casablanca y en otros centros sociales autogestionados que ya han sido desmantelados, como el Hotel 15M-Madrid, Kukutza, La Huelga, Casas Viejas, La Fabrika de Hielo, La Mácula, La Barrikada, La Termita, La Fábrika de Sueños, La burla del INEM, Casa das Atochas, La Maison, KOALA, Concepción Jerónima, La Guardería, y tantos otros, tantos sueños hechos realidad por la gente y destrozados por el régimen.

Esos espacios comunitarios son también herencia inmaterial de la comunidad, y aunque violada, permanecen en nuestras retinas y en nuestro corazón. Su memoria nunca morirá, no pueden aniquilarla, resistirá siempre en nosotras.

Texto publicado en Tomalaplaza por Política Corto Plazo Sol – 15M 

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