Colores verdaderos

Vaya por delante que tanto Assange, a pesar de su egocentrismo, como Pussy Riot, a pesar de su oscura financiación, me caen fantásticamente, creo que hacen lo que creen que pueden y deben hacer y les deseo que se libren del acoso y la represión que sufren. Pero me resulta de veras incomprensible en contraste la movilización internacional que provocan las injusticias de las que son objeto frente a la insoportable barbaridad sucedida en Sudáfrica, la masacre de los mineros desarmados, en la que se cuentan ya 44 muertos. Relegados al olvido por un mundo al que no parece importarle su destino, los mineros son chantajeados por la multinacional que les esclaviza: no habrá aumento salarial, a trabajar o a morir.

Por si fuera poco, lo que se ha difundido de la masacre ha sido objeto de un tratamiento, cuanto menos, peculiar. A pesar de la crudeza de las imágenes, ninguna cadena televisiva ha incluido advertencias a lxs teleespectadorxs antes o durante la emisión. Ni siquiera por parte de los presentadores ha habido ningún tipo de advertencia o disculpa:  se limitaron a contarlo de forma aséptica, distante, como si aquello no fuera con ellos, ni con nosotrxs. Podemos comparar el tratamiento de esta información con, por ejemplo, el de la cajera panzista del Mercadona, a la que el orgullo de ser esclava le lleva a creer que heredará la empresa… parece que, efectivamente, lo de los mineros no fuese con nosotrxs… ¿será porque son negros?

Hoy mismo tenemos una confirmación de las sospechas. Samia Yusuf Omar fue abanderada en Pekín 2008 por la selección olímpica de Somalia, con 17 años, como plusmarquista en 100 y 200 metros.  Al no poder entrenarse en condiciones en Somalia, Samia emigró a Etiopía, donde tampoco pudo conseguirlo. Desesperada por cumplir su sueño olímpico, se embarcó en una patera en Libia, con los ahorros logrados por la venta de un terreno familiar, con destino a Italia y sus modernas instalaciones deportivas. La patera naufragó, y allí, en un medio que no era el suyo, donde su tremenda velocidad en pista no servía para nada, la perdimos. Samia era negra, claro, y bien guapa, ahí está la foto.

Yo no, no soy negro, menos mal, joder, es lo que me faltaba. Lo siento, es la puta realidad. ¿Quiénes son los salvajes, los bárbaros? ¿Quienes están por civilizar? ¿Esto no es terrorismo? Samia, nuestro ángel, pesa, zasumboa roho yangu, kidege, hukuwaza kidege.

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