Contra la mezquindad II

Oportuno, lúcido e indignado Martín a la salida del juez

En junio del año pasado, la retirada de la arena aún radiactiva de la playa de Palomares por los estadounidenses, los dueños de la bomba que allí calló, dependía, según los medios españoles, de una decisión política de los yankees, del Obama. Esta decisión se ha tomado al fin a primeros de febrero, pocos días después de la muerte del que como ministro franquista se bañó en la playa de al lado para tratar de engañar a la poblacion, el carnicero de Vitoria. Vaya.

Durante su extenso y exitoso paso por la juricatura, por lo que conozco de testimonios de abogados, el paisano Garzón habría cometido un buen ramillete de irregularidades, eso sí, casi siempre por unas causas justas y nobles, y gracias a ello ha conseguido ganarse mi respeto y el de muchos. Pero con ese reproche, con la sospecha casi evidente de su actuación al límite de la legalidad, que en el caso de la llamada lucha antiterrorista en la que militó durante algún tiempo no es una sospecha pues la excepcionalidad permite, al margen de lo que uno piense de ello, estas irregularidades y más, como la propia dispersión de presos, con el aplauso de las instituciones represivas. Así fue hasta ahora, cuando se ha topado con la corrupción del nucleo duro franquista. El partido de franco se lo ha cargado de un plumazo. Y esta sólo era la facción corrupta, le queda enfrentarse a la facción abiertamente  fascista. Ánimo Garzón, estamos contigo, que estos te quieren mandar fusilar.

Apenas unos días antes de iniciar sus interrogatorios al yerno del borbón, se anuncia que el juez de la causa está siendo investigado. Ni antes ni después. No me gustaría estar en su pellejo. Como hemos visto en el punto anterior, cualquiera se mete con esa gente, estamos hablando de los herederos del franquismo, el núcleo duro es una broma al lado de esto.

Mientras tanto, las élites se congratulan de su extremada agresividad contra el pueblo. Tras negar por penúltima vez toda información a sus víctimas sobre la reforma laboral, la alimaña clerical designada por los franquistas como ministro de robar corre a disfrutar del orgasmo que le supone describir a su jefe lo “extremadamente, extremadamente agresiva” que será la reforma laboral, a lo que el amo clama “Genial”.

Continuará, por desgracia, pues la mezquindad campa a sus anchas en este lugar.

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