El indignómetro

La apertura de un proceso constituyente es una reclamación básica de los movimientos políticos y sociales en España en los últimos años, muy anterior al movimiento 15M, a la que éste añade el énfasis en que el pueblo, las asambleas abiertas, sean tenidas en cuenta como agente de primer orden. La ruptura se viene reclamando por colectivos heterogéneos, republicanos, radicales o simplemente demócratas, desde el mismo inicio de la infame transición que instauró la Constitución franquista en vigor, y las convocatorias al proceso se han venido sucediendo periódicamente en lo que viene durando el postfranquismo, que ya va siendo de más.

Pero no es fácil, pues no está a nuestro alcance, y esto hace la exigencia del poder constituyente popular algo circunstancial a ese proceso, un requisito primordial. La cultura democrática de la población evoluciona al mismo ritmo que su cultura general hacia mayores grados de control de los llamados representantes, y esta evolución debe poder reflejarse en el sistema de gobierno, que debe ir aumentando sucesivamente el grado de control popular sobre ellos hasta hacerlos innecesarios y lograr la completa desaparición del Estado. Es mi idea, la de otros será menos ambiciosa, por mi pueden bajarse cuando lo deseen, la mayoría decidirá… en lo que estarán todos conmigo es en el sinsentido de tener que dar poco menos que un golpe de estado cada vez que se quiere cambiar el régimen de gobierno, y en que éste que nos rige necesita con urgencia una ruptura que lo evolucione a un nivel mucho más democrático. El pueblo debe tener acceso al Poder Consituyente, disponiendo de

  • Libertad de iniciativa popular a la reforma constitucional.
  • Libertad de iniciativa popular a la convocatoria de Asamblea Constituyente. 

Pues sin embargo a esta lógica no es este el caso, el escenario. La ruptura, el proceso constituyente, sólo puede ser invocado por los representantes políticos, y moverles a hacerlo requiere una convulsión, una movilización desmedida. Una movilización que resulta difícil no se acompañe de conflictos violentos, dependerá siempre de la cabezonería del poder establecido, pues la demanda popular siempre es legítima y digna de ser valorada en democracia. Para que la población esté tan indignada que se vea legitimada para recurrir a la violencia, tenga o no que hacerlo finalmente, la población rupturista debe ser superior al resto (reformista+conformista).

Como se observa en la tabla las tremendas agresiones que se vienen sufriendo desde que se decidió recurrir a la crisis como arma de extorsión de forma sistematizada, apenas han incrementado un poco el crecimiento del porcentaje rupturista, aunque sí lo esté haciendo, y en mucho, el reformista. La población reformista, aún creyente en las posibilidades futuras del régimen del bienestar por algún milagro, no supone apenas una ventaja. Es fantástica, los quiero mucho, de veras, se puede contar con ellxs para llenar manifas, apoyar con la palabra, y votar, claro, pero no sirve para las herramientas que pueden forzar al Estado a convocar su total revisión e incluso cuestionamiento, como podría ser una huelga general laboral y de consumo, indefinida.

No pasa nada, no se puede obligar a nadie, se hace el trabajo de difusión y se sigue esperando su efecto. Y cavilando… ¿Cómo incrementar la población rupturista? ¿En qué momento  puede darse la circunstancia requerida?

La primera pregunta es fácil de contestar: las propias agresiones y recortes del régimen hacen que aumenten ambas tendencias, progresista y rupturista. Es probable no obstante que existan otros medios, no se cuáles podrían ser, espero encontrarlos. Si contamos por el momento con el poder de estas agresiones, necesitamos una segunda herramienta, el calendario de recortes, privatizaciones, despidos, etcétera etcétera, del próximo Gobierno. Aquí tenemos un primer golpe. Y difusión. Todo el mundo tiene que saber que no es una crisis, es un atraco. La crisis es el capitalismo, es su arma suprema, ahora está usándola de forma salvaje, volver a regularle para que deje de usarla de esta forma desmedida no supone apenas mejora alguna para el pueblo.

La segunda pregunta, bastante más difícil de contestar, es sin embargo vital responder. El análisis de las circunstancias nos darán el momento justo en el que la movilización podrá ser exitosa. Sólo hay que organizarse mientras tanto, y esperar el momento. En lo sucesivo trataremos de analizar los recortes sucesivos del Gobierno Clerical Mercantil, y de qué forma creemos que inciden en el indignómetro

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