La contrareforma

El colectivo demócrata asiste con estupor a las reacciones ante el reparto de escaños en las últimas elecciones generales. El Partido Popular, por iniciativa de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, plantea con total descaro una antireforma que mueve algunas cosas para que todo siga estando como estaba. Por su parte, Izquierda Unida, UPyD e incluso colectivos afines al 15-M reclaman el prehistórico “un hombre un voto”, como si la bajísima proporcionalidad del sistema electoral vigente en España fuera su único problema.

No lo es, desde luego. Una reforma electoral que se limite a solucionar el problema proporcional, no ya esgrimiendo el demagógico “un hombre un voto” sino incluso el “un votante, cinco votos” en que consiste por ejemplo el Voto Personal Transferible, actualmente considerado el sistema electoral más proporcional, vigente en Irlanda, Australia, etc, nos dejaría muy cerca del mismo sitio que estamos, sometidos a mayorías injustas, quizá no tan extensas pero igualmente operativas, que nada tienen que ver con lo que el pueblo vota. Y, sobre todo, sujetos al monopolio al que los partidos políticos y sus deudores los bancos someten la política, al poder absoluto del partido “ganador”, al monopolio de la información y a la corrupción, al saqueo de los bienes públicos al que los políticos profesionales nos someten y que nos ha llevado a donde estamos.
Creemos que toda reforma electoral, ejecutada de forma aislada, no soluciona nada y otorgaría una legitimidad irreal al sistema, una legitimidad que ni mucho menos merecería por tan poquita cosa. Para un verdadero cambio en la política de este país no basta con reformas aisladas, puntuales. Es necesario, cada vez más, convocar al pueblo al proceso constituyente, donde pueda participar activamente y diseñar un sistema completamente distinto, más abierto y participativo, que potencie la gestión pública mediante asambleas ciudadanas. Un sistema que permita una separación de poderes efectiva. Un sistema que limite el poder de los partidos políticos y les haga transparentes y asequibles a los ciudadanos. Un sistema donde la gente disponga de las herramientas democráticas que ahora se nos prohíben, con una iniciativa popular efectiva y ampliada a la revocación de cargos y otros fines, como la propia reforma constitucional. Y, sí, también la proporcionalidad, claro.
La propuesta en El País, en Público
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