El software humano

1. A modo de introducción

Es un hecho incuestionable que la gran mayoría de los seres humanos viven, han vivido y vivirán una existencia miserable. No resulta menos incuestionable, aunque algunos lo cuestionen en su radical ignorancia, que su existencia mejora con el pasar del tiempo, de generación en generación, aunque sea a costa del también incuestionable deterioro del medio ambiente en el que vive o los seres vivos que junto con él pueblan la tierra. Pero tampoco es cuestionable que estas mejoras son profundamente injustas, por no estar equitativamente repartidas. Mientras la mayor parte de la población mundial mejora en unos índices mínimos, a paso de tortuga, la minoría que suponen las sociedades industrializadas progresa a grandes pasos, es de sospechar, obviamente, que a costa de los primeros. Incluso dentro de estas sociedades en constante y franco avance existen desigualdades insoportables, y una vez más no cabe duda de que es la minoría la que tapona el avance de la mayoría para aprovecharlo en su propio beneficio.

En esta situación, se escuchan voces discordantes de variada tonalidad. Por una parte, existen opiniones que, basadas en estas evidentes desigualdades, rechazan totalmente el progreso, la globalización, y proponen volver al pasado. También quienes arguyendo la indudable mejora constante reprochan esta opinión, la acusan de desagradecida y opinan que una globalización injusta es preferible a ninguna globalización. Finalmente, cada vez más seres humanos, e incluso quienes defienden las posturas expuestas cuando lo piensan con más detenimiento, o profundizan más en la aplicación de sus doctrinas, creen simplemente que hay que cambiar el modo en el que se progresa, dotándole de mecanismos efectivos para hacerlo más justo.

Pero ¿cómo hacerlo? existen numerosas propuestas, que no voy a enumerar. Muchas de ellas son versiones distintas del mismo sistema injusto, modificando los actores, dando la vuelta a la tortilla, como suele decirse. Un buen ejemplo de esta simple permuta, que deja intactas las desigualdades, es el sistema comunista. Como finalmente se comprobó, debajo del barniz comunitario el comunismo tal y como se aplicó se limitó simplemente a sustituir el capitalismo por el estatalismo, resultando de ello que los altos funcionarios disfrutaron de beneficios incluso mayores que los capitalistas occidentales, generando desigualdades aún más sangrantes que las de estos, dado que ni siquiera arriesgaban capital propio ni estaban expuestos a la dinámica del llamado mercado libre. Basta ver lo fácilmente que todos los dirigentes comunistas rusos se convirtieron en empresarios, políticos democráticos, etcétera, en el momento en que decidieron liquidar el sistema.

Debemos por tanto llevar mucho cuidado con las propuestas que escuchamos y apoyamos, pues con nuestras mejores intenciones revolucionarias podremos estar participando en un montaje destinado al clásico quítate tu que me pongo yo. Así ha sido en tantas ocasiones que no es extraño el escepticismo con el que la población acoge cada nueva propuesta de reforma en el sistema. En efecto, actualmente los seres humanos ladeamos la sonrisa cada vez que oímos hablar de reformar, reconstruir, en una refundación del sistema, pues una y otra vez, a pesar del esfuerzo en cambiar la definición, el resultado es el mismo. Los paganos, seguimos pagando, obteniendo unas mejoras muy por debajo de las que producimos, y los poderosos, los de siempre o los nuevos, quedándose con mucho más de lo que les debería pertenecer en justicia.

Encontrar una fórmula para permutar la clase dirigente es fácil, aunque resulte cada vez menos engañar a los ciudadanos para que la crean y la apoyen. Natural, han sido engañados demasiadas veces, como suele decirse: llueve sobre mojado. Mejorar de veras el sistema para lograr un reparto equitativo, cada cual por su esfuerzo, es bastante más difícil, pero tampoco imposible. Simplemente hace falta estudiar con detenimiento al ser humano, cómo es, cuáles son sus características y motivaciones, y pensar la manera de conformarlas con una sociedad cuyas normas encajen en ellas. Esa es mi definición, bastante simple por otra parte, de la justicia: dar al ser humano lo que merece, lo bueno, o lo malo.

Debemos por tanto estudiar a los seres humanos y seguidamente sus modos de funcionamiento y organización, por lo que dividiremos el estudio precisamente en estos aspectos y lo haremos de forma ordenada. Podemos delimitar, por un lado y en primer lugar, la circunstancia innata del individuo, el cómo es, tal y cómo lo encontramos en la naturaleza, en la medida de lo posible exento de influencias sociales, de la influencia de los demás seres, lo que podría llamarse la condición humana. Por otro lado, estudiaremos cómo, en función de los resultados de este primer estudio ya realizado del aspecto natural se ha organizado hasta la fecha, qué normas y costumbres ha definido para ello, y si estas resultan o no adecuadas con su naturaleza. Y por supuesto, pues es ese el objeto primordial de este estudio, en qué medida y de qué forma podrían variar, evolucionar, para mejorar su existencia, la de todos los seres humanos sin distinción alguna.

Por hacer una equivalencia simpática, podríamos hablar del hardware en lo referente a la condición humana natural, y del software en lo que respecta a su funcionamiento. Encontramos en efecto, aunque no sin dificultad, un hardware humano delimitable, con unas características comunes, que podemos clasificar y analizar. No es tarea sencilla, como ya he dicho: la condición humana natural se ha imbricado con su funcionamiento de tal forma que resulta harto complicado establecer los límites. ¿Que circunstancias son comunes a los seres humanos en general, hombres, mujeres, niños, y cuáles pueden considerarse individuales? y de estas, ¿hasta que punto son naturales, pertenecientes al individuo libre de influencias educativas, sociales, etcétera? Resulta obvio que esta complicada y polémica tarea debe ser evaluada en primer lugar, y que de este estudio primordial se extraerán los datos necesarios para poder realizar los estudios consiguientes. E incluso que en este primer estudio se adelantarán, se atisbarán algunas conclusiones que serán ampliadas en los estudios posteriores.

2. El hardware humano

Aún siendo difícil, no se precisa ser antropólogo, yo no lo soy, para estudiar en detalle la condición humana exenta de sus costumbres, sus métodos de funcionamiento. Se dice el ser humano nace, se reproduce, y muere. Esto, claro está, es muy poco decir, precisa desarrollarse. Pero antes de hacerlo es necesario comprenderlo, estar de acuerdo, y nos topamos aquí la primera dificultad que mencionaba. Para cualquier ser humano del siglo XXI, a esa silla parece que le falta una pata. Todos estamos de acuerdo en el periodo inicial y el final, pero reducir el periodo vital del ser humano moderno a la única tarea de reproducirse resulta absurdo. Aún siendo en nuestros tiempos una función importantísima de la vida, quizá la principal, y condicionar sobremanera al resto, el ser humano que vive este siglo no vive solo para reproducirse, podría decirse que vive simplemente por vivir. Pero esta reducción de la vida a la simple tarea reproductiva, siendo impensable hoy en día, no lo es en absoluto si evaluamos al ser humano primitivo, exento de educación, cultura y atavismos, el ser humano que nos encontramos antes de cargar el software.

Siento si la afirmación parece injusta o excluyente, no es mi intención provocar ni discriminar a nadie, menos aún insultarle, pero vivir la vida sólo por vivirla, como suele decirse a tope, tal y como sucede en la actualidad en muchos casos, no es natural. No pretendo establecer el diseño del humano moderno, sino el del ser humano a secas. Menos aún juzgarlo, establecer qué ha sido o es mejor o peor para él, no en esta fase de nuestro estudio. La sociedad moderna ha desplazado en cierto modo la reproducción como único objetivo de la vida, e instaurado la vida por si misma como el objetivo principal. Pero esto es cuestión de software, de la evolución social de las costumbres y la ideología de los seres humanos, aunque esta evolución haya llegado a hacer cambios sustanciales en el comportamiento. Al igual que sucederá más adelante en otros aspectos adquiridos por el ser humano, no primigenios, que provoquen un cambio radical en los objetivos iniciales del ser humano, no evaluaremos si este cambio de objetivos es bueno o es malo todavía, no recomendaremos una u otra cosa, sólo diremos lo que nos ocupa: no es natural, no es intrínseco al ser humano primigenio. Por su propia naturaleza, en este caso común a la de la mayoría de los seres vivos, el ser humano buscará durante su periodo vital reproducirse a toda costa, será este el principal leitmotiv de su vida. Todo cuanto haga en la vida será con tal fin, comer, descansar o sobrevivir, continuar vivo, se hará con el fin de lograr descendencia para poder luego morir en paz.

Dado pues este esquema primordial como válido, pues no veo mayor problema en la definición de las otras dos características primordiales, precisa desarrollarse, pues existen un gran número de necesidades, todas ellas derivadas obviamente de las tres expuestas.

Nacer

El nacimiento como tal no ha lugar a distinciones. Todos los seres humanos nacemos igual, de forma vivípara. El nacimiento por sí es simple, pero se complicará sobremanera al estudiar lo que nacer conlleva. El ser humano nace de madre, y dada su debilidad inicial necesitará de ella durante la prolongada primera etapa de su vida. No así de padre, totalmente prescindible como tal, pues aunque tanto el bebé como su madre necesiten los bienes que este proporciona habitualmente para su manutención, estos bienes podrían provenir de cualquier otra parte y no cambiarían sensiblemente el decorado. Esta necesidad inicial de madre exige unas altas dosis de cariño. Numerosos estudios, que tampoco hacían falta pues es una conclusión de simple sentido común, demuestran que el cariño materno, sentirse aceptado, deseado y amado por la madre, es fundamental para desarrollarse como ser humano,

Seguidamente necesitará recibir una educación para asegurar su integración en la comunidad, aunque esta no deberá necesariamente provenir del padre o de la madre, es más, conforme vaya creciendo tenderá a prestar un mayor respeto por las enseñanzas externas que él mismo consiga que las que pueda recibir de su padre o de su madre. Esta educación puede dividirse en dos etapas: durante la primera, que podría provenir de los progenitores o ser externa, se preparará al ser humano para su convivencia con los demás seres humanos, y debería ser común, como lo es ahora con matices, idéntica para todos los seres humanos. Durante una segunda etapa, que podríamos llamar de especialización, el ser humano se adiestra para un cometido específico, con valores muchos de ellos completamente prescindibles si se desea (religiosos, nacionalistas, etcétera) y otros necesarios para un cometido especial, para cumplir una función específica en la sociedad. No consideraremos esta segunda etapa de adiestramiento como parte del nacimiento, tanto por la edad a la que se recibe como por su cometido, pues no está destinada tanto a asegurar el nacimiento correcto sino la supervivencia para la reproducción.

Concluyendo por tanto esta etapa, de nacimiento y educación primordial, ya que no hay mucho más que decir, podemos decir que la característica principal del ser humano en su nacimiento es la precariedad. Por tanto:

  • Debe asegurarse una madre que le desee y le quiera, y por tanto se haga cargo con el mayor cariño posible de su persona durante sus primeros meses de vida.
  • Debe asegurarse la manutención tanto del recién nacido como de esta madre, dedicada preferentemente a su atención.
  • Debe sustituirse progresivamente este cuidado materno por una educación común a todos los seres humanos que asegure que podrá integrarse en la sociedad y continuar con su adiestramiento de forma correcta.

3. La organización de los seres humanos

En su primera etapa y durante milenios la versión organizativa de los seres humanos puede definirse con una relación simple: amos-esclavos. Una minoría de la población tenía acceso a todo el poder, que ejercía sobre el resto, la mayoría, un dominio total e inmisericorde. Valiéndose de artimañas que presentaba como incuestionables ante los esclavos, vetaba a éstos el acceso a la cultura, generando una espiral retroalimentada sumamente provechosa para los amos. Estas herramientas pudieran ser de carácter violento, como los medios represivos policiales o el control del ejército y la guerra, o bien más profundas, sicológicas, basadas en el control cultural, como la definición de superioridad incuestionable o las religiones. De esta forma, los amos cada vez eran más poderosos y los esclavos más débiles e incultos, confirmando dicha superioridad hasta hacerla incontestable.

Es evidente, sin embargo, conscientes como somos por el estudio de la condición humana natural que hemos realizado, de la absoluta igualdad de los seres humanos, fuera de toda duda, que era esta una situación insostenible. A pesar de que los amos ponían gran empeño en mantener a los esclavos en la ignorancia, a pesar de que rápidamente corrompían, atrayendo a su grupo elitista, a todo aquel esclavo que pareciera mejor formado y por tanto peligroso, no podían tardar en llegar individuos capaces de movilizarse para lograr mejoras en el estatus general de la clase esclava. De esta forma, al mismo tiempo que los esclavos se organizaban más y mejor para acceder a sucesivas mejoras, en gremios, empresas o asociaciones que cada vez más cuestionaban el status quo, se realizaban diferentes intentos de transformación de la sociedad, más o menos exitosos, que podríamos calificar sin duda de revolucionarios, de los cuales quizá la Revolución Francesa fue el más sonado. Sin embargo, ninguno de ellos llegó en mi opinión a transformar de veras, profundamente, la sociedad. La razón de ello estaría en que los medios reales de producción se prestaban aún al modelo de gestión social antiguo. De esta forma, a pesar de que los amos cambiasen o de que creciesen en número, a pesar de que mediase remuneración o se incrementasen los derechos de los esclavos, la relación que establecían los amos con ellos, así como la que establecían ellos con sus amos, seguía siendo la misma a grandes rasgos.

Es algo más adelante, con la llegada de lo que se llamó la revolución industrial, cuando la versión amo-esclavo se hace realmente insoportable. Es aquí cuando se evidencia que el sistema tal y como está establecido no funciona, es en este tiempo cuando operan los grandes cambios, que van cayendo por su propio peso. La clase esclava toma al fin consciencia de su potencial, se informa y se organiza para hacer sus derechos efectivos. Los amos, por su parte, despliegan todo su arsenal para que el sistema no cambie, sin éxito; la sociedad, ahora sí, está madura para el cambio. Sin embargo, la confrontación continuará, en la clásica etapa de rodaje, y no considero que el cambio se efectúe de forma totalmente efectiva hasta el momento en que el nuevo software, la versión 2.0, está completamente probada y en funcionamiento. Este momento es el primer gran crack bursátil, el llamado down jones. Es tras este primer fallo del sistema que hasta entonces estaba en pruebas cuando se realizan los ajustes definitivos que rigen en la actualidad las relaciones humanas en toda su amplitud. Sólo en ese momento el sistema declara obsoleta y desinstala definitivamente la versión amos-esclavos abrazando la nueva versión, que llamaremos ricos-pobres.

A grandes rasgos parece que el cambio no supone tanto, pues no varía en lo esencial: los amos son ahora los ricos, y los esclavos los pobres. Pero si el decorado de fondo no ha cambiado mucho, al igual que obviamente tampoco lo ha hecho la base, el hardware, la condición humana, las modificaciones son lo suficientemente significativas para hablar de una nueva versión en su definición clásica. Con la nueva organización, única y absolutamente basada en el dinero, desaparecen numerosas características del anterior sistema. Enumeraremos algunos de estos cambios:

  • La clase dominante, los ricos es ahora mucho más numerosa que la anterior, los amos. Esto se debe a que sus características se han ampliado, ya no son necesarios los numerosos prerrequisitos del pasado, como la cuna, la educación y cultura superior. La clase burguesa, que ha ido creciendo a la sombra de los amos, entra ahora a formar parte de la clase dominante con todos los derechos.
  • El salto, las posibilidades de que un pobre se convierta en rico, son ahora reales. Al reconocerse la igualdad física, aunque no la económica, de los seres humanos, el acceso de un pobre a la condición de rico no precisa de prerrequisito alguno más que el de lograr una fortuna suficiente.
  • La capacidad de los ricos para doblegar y mantener en su sitio a los pobres cambia sus prioridades. La represión basada en la fuerza pasará a un segundo plano, tras el fracaso rotundo en la represión de las revueltas sindicales y el mazazo que produce en la cultura colonial la II Guerra Mundial, es evidente que se necesita primar la sutilidad en la dominación. Paradójicamente el fracaso de la gran guerra aportará nuevas opciones, o si no tan nuevas, si una ampliación de las existentes aún no explorada, la propaganda. Este arma de control psicológico de masas, que da para varios libros, deja completamente anticuadas todas las anteriores, hasta el punto que las demás herramientas se estancan al mostrarse ineficaces, como es el caso de la religión, que hace tiempo sólo sirve para el mantenimiento de su propia clase superior pero poco aporta a la genérica.

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