De tanto usarlo

Vaya tela. La CONCAPA, esos señores y señoras a la vanguardia del fanatismo religioso en España, denuncia la mala fe del Gobierno en su campaña por el uso de los preservativos al no incluir en ella datos que según ellos son verídicos, probados y muy importantes: 14 de cada 100 condones fallan en su función.

Madrecita mía de mi vida. Llevo usando toda mi vida condones, no es por fardar, pero eso implica que habré usado miles, quizá decenas de miles… y jamás he roto ninguno. ¿Cómo hacen el amor, cómo folla esta gente? ¿Acaso los atributos de estos santos varones son de un tamaño tal que los revientan? ¿Será que estas pías esposas se menean en el acto con tanta saña como para romper los instrumentos? ¿Serán sus cópulas de una duración como para desgastarlos antes de la llegada del orgasmo masculino?

No conozco estas respuestas, pero si se una cosa: 100 de cada 100 miembros de la asociación esa (si acaso suman 100 en total, que no se yo) son unos sinvergüenzas, unos desalmados, unos mentirosos y unas malas personas que con esta porquería que sus bocas escupen fomentan, nos desean a todos la propagación del SIDA, embarazos no deseados y enfermedades venéreas. Pero mejor tomárselo a broma; aquí tenéis unos que sí saben de qué va esto, engendro, bonita letra:

Se nos rompió el condón de tanto usarlo,
de tanto reciclarlo sin medida.
De darle vuelta y vuelta sin descanso
se nos quedó en las manos un buen día

Se nos rompió el condón de tan añoso.
Jamás pudo existir tanta dureza.
Las cosas tan baratas duran poco.
¿Te dije o no te dije que invirtieras?

A ver cómo salimos de este bache.
Habrá que reaccionar, ponerle un parche.
Jamás pensamos nunca en reemplazarlo,
pero el relevo llega aunque no quieras.

Y una mañana gris, al acoplarnos
sentimos un chasquido frío y seco.
Cerramos nuestros ojos y pensamos:
“se nos rompió el condón de tanto usarlo”.

A ver cómo salimos de este bache.
Habrá que reaccionar, ponerle un parche.
Jamás pensamos nunca en reemplazarlo,
pero el relevo llega aunque no quieras.

Y una mañana gris, al acoplarnos
sentimos un chasquido frío y seco.
Cerramos nuestros ojos y pensamos:
“se nos rompió el condón de tanto usarlo”.

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