Fanatismo talibán a la vuelta de la esquina

Aquí tenéis a esta fanática de la foto. Si no fuera porque utiliza de una forma repugnante a los niños, sus mentiras y manipulaciónes darían hasta risa.

Parece que quienes ponen el grito en el cielo ante el fanatismo musulmán tienen tajo aquí al lado. Quizá más cerca de lo suponen. Quizá, qué digo: seguro que esta furibunda fundamentalista de la foto es una de las que más se queja de los terroristas moros.

No conozco a Fernando Pastor, quien en la fotografía aguanta estoicamente el chaparrón, personalmente, pero leo las noticias que desde hace ya bastante viene puntualmente publicando sobre su problema, que no es tal, pues es el problema de todos, con los crucifijos en el Macias Picabea, en las listas de Europa Laica. Y se que son estos momentos, en los que su hija es objeto de presiones e insultos por sus compañeros, alentados por sus fanáticos progenitores como la de la foto, los peores que está pasando.

Aguante, Fernando. No hay mal que por bien no venga, esta experiencia le valdrá a tu hija para conocer de cerca qué es el fanatismo, y por qué su padre lo rechaza profundamente. Le valdrá para saber por sí misma por qué el ser humano civilizado, por el bien de la sociedad, debe alejar toda creencia de la vida pública. Y a los hijos o hijas de esta señora, mi más profundo pésame, pues nunca jamás podrán encontrarse a si mismos en el mundo, serán siempre rehenes de la locura fanática de su madre.

Aquí os incluyo la sentencia, porque estoy oyendo unas sandeces sobre su contenido de alucinar, como que considera el crucifijo ofensivo o que molesta a los alumnos. ¿No era mentir pecado? La sentencia sólo recoge la obviedad que estamos hartos de repetir sin que se nos escuche:

“(…) Como se ha dicho, en la propuesta de resolución se admite que el crucifijo tiene una connotación religiosa, aunque también tenga otras; es decir, no han perdido sus connotaciones religiosas, aunque puedan tener otras. La presencia de estos símbolos en estas zonas comunes del centro educativo público, en el que reciben educación menores de edad en plena fase de formación de su voluntad e intelecto, puede provocar en éstos el sentimiento de que el Estado está más cercano a la confesión con la que guardan relación los símbolos presentes en el centro público que a otras confesiones respecto de las que no está presente ningún símbolo en el centro público, con lo que el efecto que se produce, o puede producirse, con la presencia de símbolos religiosos es la aproximación a la confesión religiosa representada en el centro por considerar que es la más próxima al Estado y una forma de esar más próximo a éste. (…)”

Sin duda puede decirse más alto, pero no más claro.

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